Escultura del dios Silvano
Esta escultura de bulto redondo representa a Silvano (Silvanus), el dios tutelar de los bosques y campos en la mitología romana. Concebida probablemente para la decoración de un jardín privado o el peristilo de una domus, la obra muestra al dios en su iconografía clásica: un hombre maduro y barbado, vestido únicamente con una piel de cabra anudada al hombro («nebris») y en postura de leve contrapposto.
La pieza está cargada de simbolismo: con su brazo izquierdo sostiene un tronco de ciprés —aludiendo al mito del joven Cipariso— y un conjunto de frutas contra su pecho, mientras empuña una hachuela (falx), herramientas que enfatizan su rol como protector de las fronteras, los rebaños y la fertilidad agreste. Técnicamente, destaca el trabajo del reverso, esbozado y plano, lo que indica que fue diseñada para presidir un espacio desde un nicho o adosada a un muro. Una pieza evocadora que trae el espíritu del genius loci a la colección moderna.
Escultura del dios Silvano
Esta escultura de bulto redondo representa a Silvano (Silvanus), el dios tutelar de los bosques y campos en la mitología romana. Concebida probablemente para la decoración de un jardín privado o el peristilo de una domus, la obra muestra al dios en su iconografía clásica: un hombre maduro y barbado, vestido únicamente con una piel de cabra anudada al hombro («nebris») y en postura de leve contrapposto.
La pieza está cargada de simbolismo: con su brazo izquierdo sostiene un tronco de ciprés —aludiendo al mito del joven Cipariso— y un conjunto de frutas contra su pecho, mientras empuña una hachuela (falx), herramientas que enfatizan su rol como protector de las fronteras, los rebaños y la fertilidad agreste. Técnicamente, destaca el trabajo del reverso, esbozado y plano, lo que indica que fue diseñada para presidir un espacio desde un nicho o adosada a un muro. Una pieza evocadora que trae el espíritu del genius loci a la colección moderna.
Escultura de bulto redondo, posiblemente como decoración de un jardín privado o una domus, del dios Silvano en su icónica representación. Un hombre adulto, con frondosa cabellera y barba, va únicamente ataviado con una piel de cabra, ésta reposa en su hombro izquierdo y le cruza el torso y la espalda en diagonal, anudada en el hombro derecho. El resto del cuerpo se presenta desnudo. Con el antebrazo izquierdo, ayudado por su pecho, sustenta un conjunto de frutas, la mano cerrada sujeta una hachuela. El brazo izquierdo, mayormente perdido, se alza desde el codo un tronco de un ciprés (fig. 1). Por la posición de los muslos se intuye un leve contrapostto de las piernas (fig. 2). La escultura se sustentaría sobre una base más o menos circular. El reverso, sobretodo en el tallado de la piel, es esbozada y plana, aunque las nalgas tienen un buen volumen y pulido, lo que denota que estaba destinada a posicionarse delante de un muro o pared (fig. 3). Cabe destacar la parte posterior de la cabeza, trabajada plana con muescas, señal de que la otra mitad estaba realizada pieza aparte y sujetada mediante un aglutinante, estas marcas ayudarían en su fijación. Silvano, se traduce del latín como “de los bosques”, en la mitología romana, personificaba el espíritu tutelar de los campos y bosques, un genio loci, a quien se dice que en tiempos muy remotos los pelasgos tirrenos habían dedicado una arboleda y un festival. Se le describe como un dios que actúa sobre los campos y los granjeros, también se le considera protector de las fronteras de los campos. Higinio Gromático cuenta que Silvano fue el primero en poner piedras para señalar los límites de los campos y que cada estado tenía tres Silvanos: un Silvanus domesticus, un Silvanus agrestis que era adorado por los pastores, y un Silvanus orientalis, el dios que presidía sobre el punto en el que comenzaba el estado. Por este motivo a menudo se aludía a los Silvanos, en plural. En relación con los bosques presidía especialmente las plantaciones y disfrutaba de los árboles que crecían salvajes, por lo que se le representa llevando el tronco de un ciprés. Respecto al ciprés, se cuenta la siguiente historia: Silvano, o según otras fuentes Apolo, estaba enamorado del joven Cipariso y una vez mató por accidente una cierva que pertenecía a este. Cipariso murió de pena por ello y fue transformado en ciprés. También se le narra como la divinidad protectora de los rebaños de ganado, a los que guarda de los lobos y cuya fertilidad promueve. Siendo un apasionado de la música: la siringa estaba consagrada a él y se le junto menciona con los Panes y las Ninfas. Incluso identificaban a Silvano con Pan, Fauno, Inuus y Égipan. En la poesía latina, así como en las obras artísticas, siempre aparece como un hombre anciano pero alegre y enamorado de Pomona. Los sacrificios que se le ofrecían consistían en uvas, espigas de trigo, leche, carne, vino y cerdos.
Obras Comparativas / Paralelos

Fig. 1 Relieve de Silvano. Imperio Romano, siglo II dC Mármol. 83 cm de altura. Museos Capitolinos, Roma

Fig. 2 Escultura de Silvano. Imperio Romano, siglo I - II dC Mármol. 136 cm de altura. Staatliche Kunstsammlungen, Dresde

Fig. 3 Nicho con el dios Sivano en altorelieve. Imperio Romano, siglo I - II dC Mármol. 102 cm de altura. Palacio Doria-Pamphili, Roma.






