“Chulo con Gato”
“Chulo con Gato”
“Chulo con Gato” se erige como una de las pinturas más vibrantes y expresivas del universo visual de Costus, fusionando la intensidad figurativa con el inconfundible lenguaje cromático del dúo. La obra representa una figura sentada que sostiene un gato, representada a través de una anatomía construida con pinceladas seguras y esculturales y una paleta deliberadamente intensa. La piel de la figura está plasmada en rojos y rosas saturados, una estrategia cromática que Costus suele utilizar para llevar el cuerpo a un plano simbólico: sensual, expresivo y cargado de emoción, más que meramente representativo.
Detrás de la figura central, hojas de plátano de gran tamaño y frutos de un amarillo cálido crean un exuberante telón de fondo tropical. Esta vegetación exótica no solo conforma un contexto ambiental, sino también psicológico: la naturaleza se convierte en una extensión expresiva de la interioridad de la figura. El intenso cielo turquesa amplifica la atmósfera de la obra, proporcionando un contrapunto luminoso a los tonos cálidos del cuerpo de la figura.
El gato, acurrucado contra el pecho de la figura, introduce un registro emocional contrastante. Su rostro estilizado —con grandes ojos melancólicos— añade una suavidad inesperada, dotando a la composición de una presencia tranquila e introspectiva. La relación entre la figura y el animal sugiere ternura en medio de la audaz tensión gráfica de la escena.
El registro inferior de la pintura —tejidos a rayas, motivos geométricos tejidos y fondo arenoso— demuestra el talento de Costus para combinar el ritmo decorativo con la cohesión narrativa. La aplicación densa de acrílico revela la mano del pintor, en particular la de Juan Carrero Galofré (Juan Costus), cuyas pinceladas directas y expresivas, junto con el uso sin filtros del color, caracterizaron la producción del dúo durante la segunda mitad de la década de 1980.
“Chulo con Gato” encapsula la vibrante sensibilidad de la época: exuberante, descaradamente colorida y de gran impacto emocional. Se erige como un ejemplo paradigmático de la habilidad de Costus para unir la figuración, la teoría del color con influencias pop y la presencia humana mítica en una sola imagen cautivadora.




