Caballo Tang

Dinastía Tang. 618 - 906 d.C.
Precio: Vendida
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Durante la dinastía Tang, una era considerada como la edad de oro de la China imperial, el caballo trascendió su función como mero animal de tiro o montura para erigirse en un pilar fundamental del poderío militar, la expansión territorial y la diplomacia. A través de las vibrantes rutas comerciales de la Ruta de la Seda, la corte importó formidables corceles de Asia Central —los legendarios «caballos celestiales» de Fergana—, famosos por su resistencia, velocidad y porte. En la sociedad de la época, poseer estos animales era un privilegio exclusivo de la aristocracia. En consecuencia, la figura del caballo se consolidó como un símbolo inequívoco de estatus social, riqueza, nobleza y éxito, convirtiéndose en uno de los motivos más representados en el arte y la parafernalia funeraria de las élites.

Cultura Chino Antiguo
Material Terracota policromada
Dimensiones 59 x 54 cm
Certificados Termoluminiscencia aprobada QED Laboratoire
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Caballo Tang

Durante la dinastía Tang, una era considerada como la edad de oro de la China imperial, el caballo trascendió su función como mero animal de tiro o montura para erigirse en un pilar fundamental del poderío militar, la expansión territorial y la diplomacia. A través de las vibrantes rutas comerciales de la Ruta de la Seda, la corte importó formidables corceles de Asia Central —los legendarios «caballos celestiales» de Fergana—, famosos por su resistencia, velocidad y porte. En la sociedad de la época, poseer estos animales era un privilegio exclusivo de la aristocracia. En consecuencia, la figura del caballo se consolidó como un símbolo inequívoco de estatus social, riqueza, nobleza y éxito, convirtiéndose en uno de los motivos más representados en el arte y la parafernalia funeraria de las élites.

Descripción

Durante la dinastía Tang, una era considerada como la edad de oro de la China imperial, el caballo trascendió su función como mero animal de tiro o montura para erigirse en un pilar fundamental del poderío militar, la expansión territorial y la diplomacia. A través de las vibrantes rutas comerciales de la Ruta de la Seda, la corte importó formidables corceles de Asia Central —los legendarios "caballos celestiales" de Fergana—, famosos por su resistencia, velocidad y porte. En la sociedad de la época, poseer estos animales era un privilegio exclusivo de la aristocracia. En consecuencia, la figura del caballo se consolidó como un símbolo inequívoco de estatus social, riqueza, nobleza y éxito, convirtiéndose en uno de los motivos más representados en el arte y la parafernalia funeraria de las élites.

La presente escultura, que alcanza una imponente envergadura vertical de 59 cm, es un ejemplo magistral del naturalismo estilizado que caracterizó a la plástica Tang. El equino ha sido capturado en una actitud de tensión dinámica, como si estuviera a punto de iniciar la marcha o ejecutando un paso de doma. Se sostiene sobre sus cuatro extremidades, con la pata delantera izquierda levemente flexionada y adelantada, lo que confiere a la pieza un notable sentido del movimiento y la gracia espacial.

La anatomía revela una profunda observación de la naturaleza combinada con una estilización que acentúa la fuerza del animal: ancas poderosas, un pecho ancho y patas musculosas que terminan en pezuñas bien definidas. El cuello, vigoroso y fuertemente arqueado, subraya el brío del corcel y culmina en una cabeza de perfil afilado. Los detalles faciales —orejas erguidas, cuencas oculares profundas, fosas nasales dilatadas y las fauces entreabiertas— proyectan una expresividad vivaz y atenta. Fieles a las costumbres de la caballería de la época, la crin aparece recortada y la cola amputada y anudada, una práctica funcional diseñada para evitar enredos en combate o durante la cabalgata.

El animal porta una silla de montar vacía, un elemento altamente simbólico que sugiere la eterna disponibilidad del corcel para su jinete en el más allá. La montura descansa sobre una amplia gualdrapa o sudadero que cae elegantemente sobre los flancos. En la superficie de esta manta protectora aún se aprecian vestigios de ricos motivos ornamentales pintados, los cuales probablemente buscaban emular los lujosos textiles de seda, brocados o fieltros de origen persa o sogdiano que circulaban por los mercados de la capital imperial, Chang'an.

A diferencia de las populares cerámicas vidriadas contemporáneas (sancai), esta obra fue ejecutada en terracota cocida a baja o media temperatura y decorada mediante la técnica de policromía en frío. El proceso de manufactura implicaba el uso de moldes bivalvos o múltiples para crear las partes principales del cuerpo, ensamblándolas posteriormente y refinando los detalles a mano.

Sobre la arcilla cocida se aplicó una capa de engobe blanco a modo de imprimación, sobre la cual el artesano pintó utilizando pigmentos minerales. A pesar del paso de los siglos, la superficie conserva elocuentes restos de esta policromía original, dominada por tonos rojizos y terrosos en el pelaje, contrastes oscuros en las crines, y sutiles patrones geométricos o florales en los arreos. El desgaste natural de la capa pictórica y las concreciones terrosas adheridas son consistentes con un enterramiento prolongado, certificando su autenticidad arqueológica.

Esta pieza pertenece a la categoría de los mingqi (literalmente "artículos de los espíritus"). En la concepción escatológica de la China Tang, se creía que el difunto mantendría en la otra vida las mismas necesidades y rangos que en el mundo terrenal. Las estrictas leyes suntuarias dictaban la cantidad y el tamaño de estas figuras según la jerarquía del fallecido. Por sus considerables dimensiones y la excepcional calidad de su modelado, este caballo formó parte, indudablemente, del ajuar funerario de un individuo de la alta nobleza o de un alto oficial, concebido para garantizar su prestigio y movilidad en la eternidad.

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